Cuando se alían las Musas y deviene el mal de Stendhal.




El divino Apolo, patrón de las artes en la mitología clásica, fue un dios sagaz puesto que a diferencia de otros númenes del panteón grecolatino, abrumados quizás por sus muchas responsabilidades y extensas competencias, el dios de la lira tuvo una innegable capacidad para organizar su principal tarea (esto es: insuflar en los efímeros mortales la inspiración artística) con hábiles criterios de eficacia y racionalidad empresarial. Pues la actividad creativa de los humanos, que  es vasta y heterogénea, requiere atender demasiados frentes estéticos. Una circunstancia que quizás le indujo a fundar esa especie de compañía universal de la belleza, tan bien organizada, en la que el director general, el mismo Apolo, delegó la gestión del impulso creativo en varios negociados especializados. La distribución racional del trabajo, un requisito insoslayable en la organización científica de la producción mercantil, como diría el ingeniero Taylor, obtuvo rotundos éxitos. De tal guisa que las Musas, sus íntimas colaboradoras, recibieron, por delegación, la responsabilidad directa para administrar un área concreta dedicha inspiración. Así, a título ilustrativo,  se derivó en Euterpe los cometidos musicales, en Erato la poesía lírica y en Terpsícore la danza.

No cabe duda de que en cada uno de esos campos se han producido, en su individual singularidad, obras encomiables a través de la historia, no obstante, cuando se coordinan varias musas para patrocinar un proyecto múltiple, hoy diríamos interdisciplinar, la excelencia de la producción artística puede alcanzar  el umbral de lo sublime. La ópera sería un ejemplo emblemático.

Las nuevas tecnologías informáticas de nuestro mundo actual  permiten a cualquier usuario de aplicaciones  audiovisuales  practicar también con semejantes fusiones y, por supuesto, una vez elaboradas, exponerlas públicamente, para consumo altruista y desinteresado de todos, en ese escaparate planetario que es Internet. 

No hace mucho tiempo hemos descubierto un canal de Youtube que alberga una de esas deliciosas joyas. Su autor se llama Jeffrey Stivers y el hombre en cuestión se viene dedicando desde hace tiempo a complementar piezas musicales, esencialmente barrocas, con obras pictóricas muy evocadoras. La audición y visionado del producto puede deparar a las personas sensibles una intensa emoción estética, e incluso dolorosa si se alcanza el paroxismo en el disfrute del  placer estético. Aunque no esperamos que nadie llegue a sufrir el denominado mal de Stendhal, en nuestra opinión, la experiencia merece la pena. Claro está, siempre y cuando seamos devotos de ese estilo musical y de la pintura romántica y postromántica del siglo XIX. Aquí dejo dos preciosas muestras para que el lector se embriague de intenso esteticismo. No debería inhibirle que algunos lo califiquen de academicista y decadentista.

La primera reproduce un aria para contratenor barroco, "Waft her, angels, through the skies", del oratorio Jephtha compuesto por G.F. Händel. Está ilustrado con pinturas de William Adolphe Bouguereau (1825-1905).


En la segunda, asimismo de Händel, que como se podrá constatar es un autor por el que el señor Jeffrey siente auténtica veneración, podremos escuchar el aria  "Non lo diro' col labbro" de la ópera Tolomeo. El pintor victoriano Sir Frederick Leighton (1830-1896) es el elegido en esta ocasión para el soporte visual.


Espero que les guste.

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