Las lecturas de mi vida

En cada curso académico la Biblioteca Escolar de nuestro centro organiza una serie de actividades en torno al Día del Libro. Como miembro del equipo que la gestiona me ilusiona colaborar todos los años con la preparación de una pequeña conferencia. El año pasado centré mis reflexiones sobre esa dulce enfermedad que padecemos los lectores compulsivos y que algunos llaman bibliofilia. Otros, sin embargo, no dudan en catalogarla como enfermedad y por eso no dudarían en denominarla como "bibliopatía". Este año, como es sabido, las celebraciones y homenajes en torno al poeta Federico García Lorca han capitalizado la mayor parte de las actividades. No obstante, pasada ya la fiebre comemorativa, apunto una nueva línea de pensamiento, bibliófilo por supuesto, que gravita en torno a un tema muy recurrido entre los clásicos: la educación sentimental de la persona. Hoy en día utilizaríamos expresiones más modernas, como la tan ponderada "inteligencia emocional", popularizada por Daniel Goleman

El eje directriz de semejante temática, materializado en la presentación de un libro digital que se incluye al final de este artículo, descansa en la idea de que nuestra formación y desarrollo personal es un proceso evolutivo que se incia a edades tempranas, dura toda la vida y se realiza a través de múltiples y copiosos conocimientos y experiencias que acumulamos en nuestra trayectoria vital. Sin embargo, no construimos nuestra identidad personal solo a base de experiencias vividas, también aprovechamos las de los demás, aunque los otros pueden ser coetáneos pero también lejanos en el tiempo. Dialogamos, pensamos, discutimos, reflexionamos, comprendemos, actualizamos conocimientos y, a veces hasta nos emocionamos, incluso con seres que vivieron hace mucho tiempo. Eso es posible gracias a un invento excepcional que es, además, un instrumento de altísima tecnología: el libro

Una vida de lecturas, que deberíamos iniciar desde pequeños, enriquece sin duda nuestra educación sentimental. El recurso multimedia que se podrá ver más abajo se reitera en esa idea y entraña, desde una perspectiva absolutamente personal y subjetiva, el itinerario que ha determinado de alguna forma indeleble mi actual personalidad. Sus rasgos, tanto en lo bueno como en lo menos elogiable descansa por supuesto, y en gran medida, en lo que denomino como las "lecturas de mi vida". Entren, pues, y vean de manera sintetizada tan íntima guía:    

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