El futuro de nuestra Biblioteca Escolar

En el ya citado IX Encuentro provincial de Lectura y Bibliotecas Escolares, organizado por la Delegación provincial de Educación de Málaga, se puso de manifiesto algo que nos atañe y al mismo tiempo debería hacernos reflexionar. Las bibliotecas escolares, se dijo en aquel foro, se perfilan hoy en día como una de las plataformas más activas para dinamizar la vida cultural de los centros escolares, no solo por el desarrollo de su función obvia, entiéndase, prestar libros y aportar instrumentos para el fomento de la lectura, sino también por impulsar todo un conjunto de iniciativas, de muy amplio espectro, que a menudo incluso desbordan el estricto campo de la lectura y la bibliografía. 
La afirmación es muy interesante. Si aceptamos esa responsabilidad y la asumimos incluso como un reto, no cabe duda de que nuestra biblioteca podría convertirse en...¡muchas cosas! Se me ocurren, a bote pronto, las siguientes:
  1. Una plataforma de formación y aprendizaje, tanto para docentes como alumnos y alumnas.
  2. Un espacio para desarrollar un objetivo básico de nuestra educación frecuentemente ensalzado en la misma medida que es ninguneado en la praxis. Me refiero al trabajo colaborativo.
  3. Un cauce para impulsar algo tan rimbombante en el discurso oficial pero que, como una misteriosa presencia, no siempre sabemos materializar en realidades concretas: la creatividad imaginativa. 
  4. Un foro para el debate crítico y constructivo.
  5. Un instrumento para apadrinar los tan cacareados "proyectos interdisciplinares".
  6. Otro escenario más para impulsar el uso de las tecnologías modernas y ponerlas al servicio de lo que, no lo olvidemos, debería ser esencial: contribuir al desarrollo personal de cada uno y cada una. 
Si la biblioteca de nuestro centro quisiera comprometerse con todos los retos anteriormente indicados, no cabe duda de que tiene que empezar a plantearse dos importantes requisitos. En primer lugar, diseñar un proyecto con unos objetivos claramente detallados y, en segundo término, reforzar entre sus miembros (utilizo el término en el más amplio sentido) la unidad, la cooperación y, ¿por qué no? cierto grado de entusiasmo vocacional. Tal como se nos enseña en esta pequeña alegoría que, en forma de audiovisual puedes apreciar más abajo, cada persona implicada realmente en esa hipotética empresa tiene algo valioso que ofrecer a los demás. Y tú ¿qué opinas?


Este artículo recoge opiniones personales de Francisco Javier Quintana Toret.

1 comentario:

  1. Excelente!Bonita analogía! Poco más se puede decir...Creo que siempre es mejor cooperar que competir, cooperar implica aportar lo que tenemos, sabemos, somos...para un proyecto común en el que todas las personas se benefician...En las competiciones siempre hay quien pierde y quien gana, propician la envidia, las "zancadillas", el rencor, la vanidad, las odiosas comparaciones y descalificaciones...Me gusta la simbiosis...Aunque comprendo algunos argumentos de quienes defienden la competitividad nos los comparto...Creo que colaborar es más positivo, genera solidaridad...Nadie sería el mejor,sino que entre todas haríamos lo mejor...No se me ocurre mejor premio que ese, mayor progreso....Lo siento me aburre competir, me desmotiva...Me encanta evolucionar a mi manera y para eso necesito a los demás...

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